Amor a Primera Vista…..por Thierry Mangel

Hace un año descubrí la Estufa Finca en un taller de demostración organizado en Talamanca por SeaChar. Esta ONG norteamericana está promoviendo el uso de estufas y carboneras de fabricación simple, con la finalidad de producir carbón para introducir al suelo, en un intento de mitigar el cambio climático; Puesto que este carbón en su mayor parte queda secuestrado en el suelo hasta por milenios, no puede más circular en la atmósfera. Una tonelada de carbono ( el principal componente de carbón) corresponde a más de 3,5 toneladas de CO2 (Dióxido de carbono). Así que, fueran quienes fueran los que más ensuciaron nuestra atmósfera, hasta el punto de desarreglar los mecanismos climáticos, tenemos una herramienta casera para contribuir a la limpieza general. Una herramienta positiva para un modo de vivir carbón menos, según el eslogan de SeaChar. Y este resultado se logra por medio de un proceso de carbonización de biomasa que ocurre de arriba hacia abajo, construyendo un fuego al revés, que se prende por encima en un contenedor metálico con las entradas de aire apropiadas .

¡ Reinventando el fuego !

Y cómo si fuera poco, la producción de biocarbón ( carbón de biomasa destinado al suelo) viene acompañada de una cantidad de beneficios que se pueden apreciar directamente en la vida diaria. Lo que inmediatamente se ve es que el proceso prácticamente no produce humo, solamente un poco al encender el combustible ( 90% menos humo según estudios ). Es una tremenda mejora en la salud de millones de personas, principalmente mujeres y niños, puesto que la mitad de la población humana actual cocina con fuego. Luego notamos que el proceso produce mucho calor con un fuego muy activado y que eso nos permite cocinar o calentar agua más rápido de lo usual, a la vez que el combustible rinde más ( 40% menos leña ). Además se puede usar cómo combustible cualquiera biomasa a condición de que esté seca y homogénea: leña, bambú, bagaces, granzas, aserrín, cartón…hasta pasto. Entre más denso el material, más dura el fuego y más produce carbón. Una estufa de buena leña puede funcionar por casi dos horas, una de bambú, apenas 45 minutos.

Es muy fácil aprender a manejar la estufa, cómo cargarla, encenderla, regular el aire y cocinar con ella, y cómo terminar para conservar el carbón antes de que se haga cenizas. También es bastante simple construirla, con sólo una cortadora de metal y un taladro cómo máquinas. Es tecnología de fuente abierta, no hay patente y los modelos así como las instrucciones de fabricación están disponibles para todos. Es un estímulo a la creatividad y al uso inteligente de los recursos, biomasa, materiales reciclados o de bajo costo, y cada uno puede perfeccionar su estufa o carbonera. A más amplia, más calor; a más profunda, más duración. Se puede diseñar un sistema para alejar o acercar la olla del fuego, también es simple calentar agua para usos domésticos o para circular en un sistema de calefacción o en una secadora solar en días nublados. Hay muchas posibilidades con ladrillos y arcilla, solo falta inventarlas. En escala más grande, ya semi- industrial, también se aprovechan los gases generados por el proceso para producir electricidad o biogasolina. Con los modelos caseros simples que promueve SeaChar, producimos carbón y calor de manera muy eficiente, con todos los beneficios mencionados.

Pero no es todo. Este mismo biocarbón que producimos trae una serie impresionante de beneficios para el suelo donde se introduce, especialmente en suelos tropicales poco fértiles o agotados. De eso ya se habían enterado los antiguos pobladores de la cuenca amazónica y su legado de fértiles extensiones de terra preta do Indio es la fuente de inspiración de los redescubrimientos actuales. La ciencia del biocarbón todavía está en pañales, pero sus avances son muy alentadores. Por su estructura muy porosa, un pedacito de carbón es un condominio de lujo para microorganismos del suelo cómo hongos y bacterias. Aparte de mejorar directamente la estructura del suelo, de hecho construyendo suelo, tiene gran capacidad de almacenar agua y nutrientes, y su aplicación resulta en una mejora de la salud del suelo y por consecuencia en una mejora de la salud de las plantas y un aumento de producción. El carbón en sí no es un abono, es una enmienda. Lo mejor es molerlo y empaparlo con nutrientes cómo fermentos líquidos, caldos de bacterias del suelo con melaza, jugos de composta, así podremos apreciar su efecto muy pronto en muchos cultivos. El carbón es un elemento indispensable de los abonos tipo bokashi o para una pila de composta. También permite utilizar menos fertilizantes y eso de forma más eficiente, pues el biocarbón los puede almacenar en vez de que se filtren con la lluvia. Es fundamental para una agricultura renovada, saludable para el planeta y los consumidores, que en vez de vampirizar los recursos, los va multiplicando. El carbón ayuda también a sanar los suelos secuestrando residuos tóxicos cómo contaminantes orgánicos y metales pesados. Así podemos usarlo para filtros diversos, para aguas residuales ( en vez de o en combinación con grava) y para agua potable. Cómo beneficio adicional , la fabricación de estufas y la producción de biocarbón pueden generar empleos e ingresos. Sin olvidar la probabilidad en un futuro cercano de la valoración por servicios ambientales en un mercado de bonos de carbono.

Desde hace un año que conozco la estufa finca y el biocarbón, cada vez que la prendo vuelvo a sentir fascinación y asombro, y cada vez que introduzco carbón en mi huerta, siento que estoy practicando sanación. Espero que nuestro entusiasmo sea contagioso, y me alegra que haya siempre más usuarios y experimentadores caseros. Es tecnología revolucionaria. Una herramienta para adaptarnos a los cambios en curso, para mejorar la alimentación y la salud humanas, para contribuir a la dignidad económica, a la descentralización y la responsabilidad individual, detoxificando y revitalizando nuestro ambiente. Parece cuento, es simple realidad.